Detalle del Cuento

Cuando aprendimos a ser beodos

No sabría explicar como empezó, pero la cosa fue tan rápida que no pude recordar con exactitud. Quizás a los cuatro años, cuando papá por primera vez trajo a la casa a sus amigotes. Decía que el trabajo dignifica al hombre y por eso se debía de festejar de rompe y  raja. Nosotros  éramos alegres y pulcros, inteligentes, que poco a poco captábamos las costumbres viles de los puercos esos. De a poco nos transformábamos en seres mutantes, era gracioso cuando veía a los amigos de papá tomar y emborracharse como loquitos, como si eso nomás pudieran y sabrían hacer, pero lo más gracioso era cuando comenzaban a cantar después de haber pedido cuatro chelitas. Claro que en esos tiempos no nos abrumaban con comerciales de televisión ni radio, porque nuestros experimentos los teníamos bien controlados y la mayoría de cerdos, las utilizábamos sólo para fines académicos. No comprendo entonces por qué papá comenzó a embriagarse como borrachito de cantina barata. Decía que sus amigos empezaban a cantar cuando sacaban y tomaban cuatro chelitas, así les han llamado siempre, a ese líquido tan bello que nos hace matar las penas y no comprendemos que en verdad matan a nuestras tontas y torpes neuronas que se dejan llevar por lo que dice la gente. Mamá, era alegre, campechana en la cocina, porque su refinado gusto por los postres y las sopas, daban un gusto mayor y mejor a las comidas, lástima que todo cambió cuando comenzó a cocinar segundos. Uno en especial que llevaba malta y cerveza negra. 


Regresar
Plataforma Virtual del SIGDCCC

Redes Sociales